El éxito, la fortuna, y la verdadera felicidad.
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Pedro siempre se toma un tiempo para sí mismo, para llegar a lo profundo de su conciencia, analizarse, ver sus fortalezas y sus miserias. Se prepara un café temprano, muy temprano o en la noche, muy entrada la noche, lee y piensa en el silencio de la soledad.
Esta noche encontró una linda lectura que lo lleva a pensar en el verdadero sentido de la existencia, ella cuenta ....
Pedro Alejandro Fernández de Lamadrid nació en Palma de Mallorca en una pequeña ciudad de poco más de 500 habitantes llamada Banyalbufar. Su padre, un Ingeniero naval de renombre, requerido en toda España y su madre una doctora clínica de bajo perfil, se encargaron de facilitarle la vida a ese único y tan buscado hijo.
Pedro realizó sus estudios universitarios en la Universitat de les IIIes Balears considerada dentro de las 700 mejores del mundo y fue allí donde terminó por consolidar en el área de deportes de la universidad, lo que ya venía mostrando en los años secundarios: ser un excelente tenista.
Para el joven bañalbufarino, el deporte jamás fue una vía de escape, sino, por el contrario, una meta en sí misma. Mientras otros chicos disfrutaban la noche, él buscaba la excelencia en el tenis. Brillante estudiante y mejor exponente deportivo, terminó siendo un depredador de todo ranking que se le pusiera por delante.
Al principio ganaba sin culpas. El podio y el oro, sumado a los premios millonarios, siempre eran suyos. Hasta que luego de 10 años de éxitos ininterrumpidos, el peso de las expectativas comenzó a jugarle varias malas pasadas.
Todos conocemos que el deporte y sobre todo el deporte de élite fomenta una mentalidad de resiliencia, disciplina, gestión del tiempo y una inclinación hacia el trabajo en equipo que es muy valorado en el mundillo laboral. También se sabe que los deportistas de alto rendimiento, en general, desarrollan favorablemente el proceso de frustraciones y las presiones que reciben las suelen transformar en desafíos, pasando a formar parte de “la mentalidad del 1%”, ese concepto de desarrollo personal que define el conjunto de creencias, hábitos y actitudes que distinguen a las personas que logran resultados excepcionales del resto de la población.
Aun así, muchas veces las cosas no son como se supone deberían ser.
El reconocimiento continuo, la gloria, los deterioros musculares, lesiones, acompañados de trastornos alimentarios, el dinero y el poder, empezaron a gastar la gran roca del éxito en el jugador español y comenzó a sufrir ansiedad. La presión de los medios y el constante miedo al fracaso comenzaron a hacer su trabajo en la mente del jugador profesional.
Algo se rompió en su interior.
Pedro Alejandro pensó que el momento de retirarse había llegado, ya no tenía más voluntad. Y lo hizo, sin más. Decidió que debía pasar a lo que el mundo suele llamar “jubilación deportiva”.
Y fue a partir de ese momento que el duelo de identidad se hizo carne en él.
La depresión se instaló en Pedro como una humedad silenciosa. Aquellos momentos de gloria se volvieron un rugido sordo en sus oídos. Ya no sentía la adrenalina, solo el peso de un cuerpo que le parecía ajeno.
Pasaron dos largos años y el ahora ex tenista de fama mundial, ya no era. Su mujer y sus dos hijos lo observaban preocupados.
Su entrenador Carlos Julián Acosta solía visitarlo a diario y le costaba ver ese constante deterioro en Pedro y no poder ayudarlo.
Un día de molesto calor en el verano de Banyalbufar, mientras miraba al celeste y soleado cielo tirado boca arriba en el césped de su patio, le llegó al joven ex tenista, una sorpresiva invitación de la Federación Internacional de Tenis.
La misma decía:
“Estimado Pedro Alejandro Fernández de Lamadrid:
Nos es grato invitarlo a participar en el próximo Torneo Internacional de Tenis, “Juntos por el mundo” a realizarse en la ciudad de Basilea, Suiza, el domingo 25 de agosto del próximo año. Aguardamos su consentimiento dentro de los próximos 5 días hábiles, a los efectos de realizar una correcta promoción y organización del torneo.
La finalidad de “Juntos por el mundo” es recaudar una importante suma para fines benéficos. La Federación tiene pensado un encuentro entre usted y el actual número uno del mundo el suizo Liam Müller, con un pozo previsto de treinta millones de dólares para el ganador.
El señor Müller ya ha confirmado su participación.
Quedamos a la espera de su confirmación.
Atentamente
Por Federación Internacional de Tenis
Federico Carlos Raikosky Desambrano
Presidente
Pedro Alejandro quedó atónito, sus ojos se agrandaron y su mente se nubló ante semejante invitación. Era como si la propuesta ya diera por descontada su confirmación.
El premio era por demás interesante, mucho más de lo que había ganado en el último año, pero sabía que no estaba en condiciones físicas ni mentales para enfrentar al número uno. Pensó largamente…, y el recuerdo de buenos triunfos, aún vivos en algún lugarcito de su corazón, hizo que instintivamente llamara a su entrenador.
Carlos saltó de alegría y contagió a Pedro. “Tenemos tiempo”, le dijo. “Aún faltan 8 meses para el torneo, podemos lograrlo juntos”.
El tenista quería volver a sentirse en plenitud. Atribuía su deterioro físico y mental al haber dejado las adrenalínicas competencias.
Confirmó su presencia en tan sólo dos días hábiles.
El entrenamiento fue duro, agotador, pero el 24 de agosto Pedro estaba pronto, como en su mejor momento.
El día 25 llegó temprano al evento junto a Carlos. Ambos con una sonrisa en sus rostros.
El lugar estaba repleto, figuras de todo el mundo estaban presentes.
Los ojos de Pedro volvieron a brillar.
El suizo estaba serio, pero muy seguro de su triunfo, al menos eso dejaba entrever en su manera de pararse y en el brillo de sus ojos.
El partido fue extenuante duró 3 horas y 45 minutos. El español termina venciendo al número uno por: 6 -7, 7- 6 y 7- 6
En el último punto, tras casi cuatro horas de juego, Pedro Alejandro corre una bola imposible y define con un passing shot de revés, sintiendo que esos 8 meses de entrenamiento con Carlos valieron la pena.
Podio, premio millonario, larga ovación y una rara sensación envolvieron esos instantes del ganador.
En un momento pareció ser como que el “efecto burbuja” ese estado de aislamiento psicológico y físico diseñado para que el atleta mantenga un enfoque absoluto en su rendimiento, eliminando cualquier distracción externa, había desaparecido demasiado rápido con el nuevo triunfo.
Camino al vestuario le pregunta a su entrenador: -“¿Lo logré, verdad?”
- “Sí, hombre, claro que sí”. “¡Y en forma extraordinaria, fue una actuación memorable!”
Carlos miró los ojos de Pedro, estaban en blanco y negro, vacíos, sin brillo. No había emoción en su mirada. El fuego de aquellos ojos del antiguo campeón se había apagado como por arte de magia. El entrenador sintió un escalofrío que le recorrió su cuerpo. Los altos niveles de cortisol y adrenalina del reciente triunfo, no habían dejado rastros en el joven bañalbufarino.
El público estaba de pie en una eterna ovación y Pedro no esbozaba ni una sonrisa de satisfacción. El rugido era atronador, sus compañeros tenistas festejaban en un solo grito de triunfo, los fotógrafos no paraban de utilizar sus flashes una y otra vez.
Pedro inmerso en sus pensamientos estaba sumido en un desgarrador silencio…
Cuando terminó de ser consciente de su triunfo su mundo interior explotó en mil pedazos de recuerdos infinitos de triunfos, brillos, dinero y poder, pero fue consciente por primera vez en su vida que la cima es efímera, que los triunfos hoy están y mañana desaparecen. Que así era la realidad de la vida, tan coqueta y delirante. Traiciona con su loca sonrisa de eterna juventud y enloquece con cada movimiento cuando se viste con esos finos ropajes de seducción.
Por fin Pedro había comprendido que la meta del triunfo no era el final del camino, sino una ilusión, había jugado la partida perfecta sólo para confirmar que el podio, el trofeo, el poder, el dinero, no contenían el sentido de la vida, que no eran sinónimos de “eterno triunfo”
Fue consciente que los triunfos son efímeros y que la vida es otra cosa. Por primera vez en años, el ruido de los aplausos se apagó en su cabeza. Dejó el trofeo sobre la fría mesa del vestuario y sin mirar atrás, caminó hacia la salida apurando el paso sólo para llegar a su hogar, con su familia, a tiempo para el beso de las buenas noches de sus pequeños hijos y su adorada esposa.
Respiró hondo saboreando el silencio de la noche descubriendo que ese triunfo, ese éxito, no representa nada respecto de la felicidad que se encuentra en las pequeñas cosas que hacen a la esencia misma de la vida.
El triunfo y el éxito, dice Pedro, son como la fortuna y el dinero, pueden comprar una casa, pero no “un hogar”; pueden comprar el mejor reloj, pero no “el tiempo”; pueden comprar la mejor cama, pero no “el sueño reparador”; pueden comprar libros, pero no “el conocimiento” ni mucho menos “la sabiduría” ; pueden pagar los mejores cuidados médicos, pero no “la salud”, pueden comprar una posición, pero no “el respeto y la consideración “; pueden comprar un órgano para un trasplante, la sangre, pero no “la vida” y pueden comprar compañías, pero no “el verdadero amor”, que es la esencia misma de la vida; y desconocer esto, es precisamente lo que hace que sintamos que algo se rompe dentro nuestro, es cuando nos morimos aun estando vivos.




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